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“Dejar que los adolescentes se levanten más tarde puede ayudar a mejorar sus notas”

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CC ddimitrova - Pixabay

Un estudio de la revista Scientific Reports, detecta un aumento del 4,5% en las calificaciones al demorar su primera clase 50 minutos.

Los adolescentes son seres nocturnos por naturaleza, y eso puede ser un problema en el instituto; la peculiar cadencia de sus horas de sueño muchas veces acarrea un bajón en el rendimiento escolar. Pero no tiene por qué ser así. Un nuevo estudio ha comprobado que es posible ayudarles a mejorar sus notas solo con retrasar el horario de la primera clase de la jornada. En concreto, el aumento de las calificaciones fue del 4,5% cuando durmieron una media de 34 minutos más.

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Los científicos, que han dado a conocer los resultados de su experimento en la revista Scientific Reports, pusieron a prueba un nuevo horario en dos institutos de Seattle, en Estados Unidos, donde la hora de inicio pasó de las 7.50 a las 8,45 horas. El retraso fue suficiente para revertir la tendencia a la falta de sueño que las sociedades industrializadas sufren desde hace un siglo, según argumentan los investigadores en el nuevo artículo.

Las estimaciones calculan que los niños han perdido alrededor de una hora de sueño durante los últimos 100 años, lo que aleja peligrosamente sus rutinas oníricas las 9 horas recomendadas. Y las cifras también afectan a la adolescencia, una fase de transición hacia la juventud en la que las obligaciones sociales y los ritmos fisiológicos andan desacompasados.

Las 7 horas y 24 minutos de sueño que, de media, registraron los jóvenes del experimento, que vistieron pulseras que monitorizaron su descanso, están aún lejos del objetivo. Pero “restablecen los valores de sueño presentes varias décadas antes de que las tardes con entornos vivamente iluminados y el acceso a pantallas luminosas fueran comunes entre los adolescentes”, subrayan los investigadores.

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Según explicó el neurólogo, Juan Carlos Portilla, en su día a Buena Vida, en el organismo de un adolescente “se produce un retraso de aproximadamente dos horas en el inicio del sueño nocturno y la hora del despertar”. Los científicos piensan que los factores de la biología de la adolescencia que explican las peculiaridades son que el ciclo circadiano se alarga en esa etapa de la vida, mientras la sensibilidad a la luz, que anima a despertar, es menor. Además, otros cambios fisiológicos ayudan a los adolescentes a soportar mejor el sopor de la vigilia.

Por eso abrirles las puertas del instituto demasiado temprano hace que acusen el sueño perdido, con consecuencias que no solo se manifiestan en el rendimiento académico menor. La falta de sueño también afecta a la piel y engorda. Y no solo a ellos; una hora más en compañía de Morfeo mejora la vida de cualquiera. En todo caso, una cosa sí queda clara: deberíamos aceptar que para ayudar a los adolescentes, en un momento tan delicado de la vida, quizá convendría dejarles dormir un poco más. Todos descansaríamos mejor.

En: Buena Vida / Elpais.com