Ellos dicen que “somos feministas cuando nos conviene” y se desconciertan con nuestras actitudes: reclamamos igualdad, pero nos gusta que paguen la cena
Los buscamos varoniles, y queremos “que nos ayuden” a lavar los platos. Avanzamos y conquistamos, aunque esperamos que den la iniciativa. ¿Quién nos entiende?.
Que las mujeres avanzaron con creces en distintos ámbitos de la vida social no es ninguna novedad. Que los hombres tuvieron que responder a las vanguardias femeninas con nuevos comportamientos, tampoco. Desde hace unas décadas a esta parte las relaciones amorosas y familiares se han visto modificadas.
La palabra “machismo” define el comportamiento dominante del hombre sobre la mujer, cosa que antes estaba naturalizada en la construcción misma del género masculino. Lo que antes era “normal” y no se denunciaba, comenzó a ser cuestionado como una postura dañina, humillante, violenta, héterosexista y reguladora de los roles sociales.
Sin embargo, no todo es “color de rosa” y aún “el celeste” sigue prevaleciendo en el imaginario de muchas mujeres. Y sino, hagamos el ejercicio de observar a nuestro alrededor y ver cómo las parejas heterosexuales, en algún momento del proceso de la relación comienzan a cuestionar las practicas progresistas y hacer valer de algún modo los viejos esquemas arquetípicos.
Las mujeres quieren hombres sensibles, aunque aguerridos, viriles y audaces. Los hombres gustan de las mujeres independientes, pero en algún momento pedirán mayor compromiso con la casa y la crianza de los hijos. Las mujeres avanzan y conquistan, pero todavía esperan que sean ellos los que tomen la iniciativa. También gustan de los rasgos de caballerosidad, halagos o invitaciones.
Un hombre que tiene medios económicos pero a la hora de pagar un café o una cena pide compartir los gastos será sospechado de egoísta, poco caballero, narcisista, o simplemente machista. Y posiblemente la mujer no se equivoque.
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