Muchas veces nos entregamos en cuerpo y alma· Damos todo por el otro: dejamos de lado nuestros tiempos, nuestros gustos, nuestros amigos
Nuestra vida pasa a ser vivida por y para la otra persona, nos olvidamos de quién somos, de nuestra esencia. Y eso no nos hace bien. Consejos para vivir un amor saludable.
¿Hasta dónde amar?
No hasta el cielo. Ni más allá de nuestra dignidad, de nuestra integridad, de nuestra felicidad. “Nuestra cultura ha hecho una apología del amor incondicional, el cual parte de una idea altamente peligrosa: ´Hagas lo que hagas te amaré igual´. Es decir, que a pesar de los engaños, los golpes, el desinterés o el desprecio, si los hubiera, en nada cambiarían el sentimiento (…) Amor ilimitado, irrevocable y eterno. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante estupidez?”, dice Walter Riso en su libro “Los límites del amor. Hasta dónde amarte sin renunciar a lo que soy”, de Editorial Norma.
Tips para comenzar el cambio:
-Revisa tu mitología del amor de pareja y reemplaza algunos valores tradicionales (fusión/comunión, generosidad, deber) por otros más orientados a fomentar el bien común y más adaptados a nuestros tiempos. Un amor democrático.
-Incluye en tus relaciones los “derechos humanos”. Respetate –y haz que respeten- tu dignidad y tu integridad.
-Flexibiliza tus dogmas: todo depende. Puede ser que un matrimonio no sea para toda la vida; no toda separación es un fracaso; el amor no lo puede todo.
-No pierdas tiempo con quien no quiere dialogar ni negociar.
-“No esperes peras del olmo”. No vivas aguardando un cambio que no llega. Y, tal vez, nunca llegue.
-No te esfuerces en explicar lo obvio.
-Comprometete contigo e intenta ser coherente.
-No practiques la victimización ni la autocompasión.
Buscar temas relacionados