Muchas veces nos preguntamos: ¿Tiene sentido armar planes o mostrar fachadas para que alguien permanezca a nuestro lado?
Las estrategias no son otra cosa que planes, formas premeditadas de actuar, secuencias de pasos a seguir para conseguir objetivos. Solemos pensar que, al usarlas, dejamos de ser nosotros mismos. Mostramos una fachada imposible de sostener. Y es innegable que algo de eso hay.
Son parte de nuestra forma de conducirnos en la vida. Ser amable con ese profesor que no soportamos es una estrategia para poder aprobar esa materia que, de otra forma, nos llevaríamos pendiente a la tumba. Si asistimos a una entrevista de trabajo, nos arreglamos y nos vestimos adecuada y prolijamente, cuando en nuestra vida cotidiana tal vez el jean y las zapatillas nos identifican mucho más que el traje.
¿Está mal utilizar una estrategia en esos casos?
Podríamos decir que está tan mal como presentarnos ante la persona que nos entrevista para un empleo vestidos más prolijamente que lo habitual o como saludar amablemente en un pasillo al profesor que detestamos.
Bajo ningún punto de vista está mal, pero hay que marcar una diferencia: al profesor después del examen no lo vamos a ver más, la entrevista de trabajo va a finalizar, pero con una pareja vamos a permanecer en relación aun después de cumplido el fin para el cual nos esforzamos.
Por eso es importante tener en cuenta que un objetivo se puede lograr con una estrategia, pero la continuidad de ese objetivo se logra a partir de una “actitud”.
¿Y que es una actitud?
A diferencia de una “estrategia”, que puede mostrarnos como queremos que nos vean, una “actitud” es una forma de conducirse “siempre” que hace que “seamos” como queremos que nos vean.
Si queremos que nos vean de determinada manera cuando, con mucho sacrificio, llevamos adelante una estrategia, es porque confiamos en que esa forma de mostrarnos producirá efectos positivos en la otra parte. Por lo tanto, si queremos que esos efectos positivos no desaparezcan una vez cumplido el objetivo lo que debemos hacer es transformar esa “estrategia” en “actitud”.
Tenemos que hacernos a nosotros mismos el maravilloso regalo de SER lo que nos gusta PARECER.
De esa forma, la técnica se incorpora de manera permanente en nuestra forma de actuar y se transforma en parte de nosotros mismos.
Vinimos al mundo “solos” y si la persona que está a nuestro lado no tiene los gestos necesarios para ser digna de nuestra compañía, tenemos la fuerza y la capacidad de “seguir solos”. Dejar ver eso con nuestra forma de conducirnos es “ACTITUD”. Y con el que tiene actitud no se juega, simplemente porque no hay posibilidades de ganar.
Buscar temas relacionados