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Tener hijos hace más feliz a las personas, pero hay que esperar 30 años para sentirlo

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CC Pixabay / smpratt90

La paternidad es un buen motivo para sonreír a la vida, pero no mientras los niños vivan en casa. Es lo que se deduce de una investigación dirigida por el profesor Christoph Becker, de la universidad alemana de Heidelberg, que ha visto la luz en la revista PloS One. Teniendo en cuenta que en España la costumbre es que las criaturas continúen bajo las faldas de mamá y papá hasta bien entrados los 30, o nos trasladamos a países como Dinamarca, donde los nidos se vacían alrededor de los 20, o hacemos acopio de paciencia.

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El estudio analizó la carga económica, afectiva y social de la paternidad, así como la importancia de la prole cuando es adulta en personas de 16 países diferentes, mayores de 50 años, que valoraron su bienestar emocional. La impresión fue unánime: las personas con hijos independientes se deprimen menos y tienen mayores probabilidades de alcanzar una estabilidad económica. Además, duermen más plácidamente, disponen por fin de tiempo libre, los gastos disminuyen y tienen menos responsabilidades. Son factores que, de acuerdo con Becker, cuentan cuando se habla de felicidad.

Para Raúl Santos García, psicólogo y psicoterapeuta, los resultados son los propios de la sociedad actual del espectáculo, la cultura del narcisismo y unos tiempos líquidos que se relacionan con el individualismo y el debilitamiento de los vínculos. “Los procesos y conflictos durante la crianza -explica- son estresantes. Nos comprometemos en su educación y en la formación de su identidad, lo cual supone un acto de amor que chirría con nuestra cultura contemporánea. La cultura del rendimiento, del ideal de perfección y del placer inmediato ha hecho eco en las relaciones familiares”, opina.

Lo cierto es que el asunto trae de cabeza desde hace tiempo a los investigadores, y no parece que haya posibilidad de consenso. Si tomamos como referencia una revisión de varios trabajos publicada en la revista Psychological Science, está claro que la paternidad y la maternidad son la mejor ruta hacia la felicidad. “Las personas con hijos experimentan una mayor cantidad de emociones positivas y encuentran en ellos el significado de la vida”, aseguran sus autores. Pero los profesores Mikko Myrskylä y Rachel Margolis disponen de datos en los que la balanza se inclina a favor de la tesis de Becker. Su investigación determinó que tener descendencia es peor que un divorcio o estar en el paro.

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El propósito de esta pareja fue llegar hasta el fondo de las causas de la baja natalidad en los países desarrollados donde, por cierto, suele decirse que se desean más hijos que los que realmente uno acaba queriendo. Al comparar el nivel de satisfacción con la vida tres años antes y dos después de tener hijos, vieron que caía de forma drástica, sobre todo por la dureza de la crianza en los primeros años. Ya se sabe, agotamiento, insomnio, depresión y aislamiento social… Eso sí, si, como dice Becker, todo son parabienes una vez los hijos han crecido, aún falta que la prole entienda que el nido está hecho para volar.

En: ElPaís.com