
La presentadora llegó al Desafío en 2018 con la tarea de remplazar a Margarita Rosa de Francisco, quien había sido la cara del programa durante años. Este cambio no solo implicó asumir un rol importante dentro del formato, sino también enfrentarse a un estilo de producción completamente diferente.
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Serna confesó que, en un principio, la propuesta le generó incertidumbre. “La primera vez: Auxilio, socorro ¿yo que voy a hacer?” expresó, dejando ver el impacto que le produjo asumir este nuevo reto.
Uno de los principales desafíos fue el cambio de escenario. La presentadora venía de trabajar en formatos grabados en estudio, donde predominaba lo estético y la puesta en escena.
Según explicó, estaba acostumbrada a espacios más controlados, con vestuarios elegante y dinámicas distintas. Por eso, enfrentarse a un reality en exteriores, con alto componente físico, le generó dudas al inicio sobre si realmente encajaba en ese formato.
Con el paso del tiempo, Andrea Serna aseguró que logró comprender mejor el sentido del programa y su papel dentro de este. “Despues lo entendí mucho mejor“ afirmó.
La presentadora explicó que el componente físico no solo es importante para los participantes, sino también para quien conduce el programa, ya que permite conectar con los ompetidores y trasmitir autoridad en medio de las pruebas.
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Para ella, la clave estuvo en entrar en la misma sintonía de los participantes, entendiendo su esfuerzo y adaptando su comunicación a ese entorno exigente. Así, logró consolidarse como una de las figuras principales del reality en los últimos años, superando las dudas iniciales y encontrando su propio estilo dentro del formato.
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