
Especialistas coinciden en que las sábanas deberían lavarse al menos una vez por semana para mantener una buena higiene del sueño.
Esto se debe a que mientras dormimos el cuerpo libera sudor, grasa, saliva y células muertas que terminan acumulándose en la ropa de cama.
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Además, esa mezcla crea un ambiente ideal para bacterias, hongos y ácaros que pueden afectar la piel y el sistema respiratorio.
Aunque muchas personas acostumbran cambiarlas cada 15 días o incluso una vez al mes, a expertos aseguran que ese tiempo puede ser excesivo.
En casos de calor, sudoración abundante, alergias, mascotas o enfermedades, la recomendación es reducir el tiempo y lavarlas cada tres o cuatro días.
También influye si la persona duerme sin pijama o comparte la cama, ya que aumente la acumulación de residuos corporales.
Según especialistas citados por medios internacionales, mantener las mismas sábanas durante mucho tiempo puede empeorar problemas como alergias, asma, dermatitis y acné.
Los ácaros del polvo y las bacterias suelen multiplicarse rápidamente en ambientes húmedos y cálidos como la cama.
Incluso, algunas investigaciones señalan que las fundas de almohada acumulan gran cantidad de grasa, maquillajes, saliva y microorganismos.
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Las fundas de almohada deberían lavarse con la misma frecuencia que las sábanas o incluso más seguido, especialmente en personas con piel grasa o acné.
Las almohadas suelen requerir limpieza profunda cada cuatro o seis meses, dependiendo del material y las recomendaciones del fabricante.