Después de vivir un terremoto, es completamente comprensible que la mente permanezca en alerta. Algunas personas pueden revivir constantemente lo ocurrido, pensar “¿y si vuelve a temblar?”, imaginar diferentes escenarios o sentir que cualquier movimiento puede ser una señal de peligro.
A este tipo de pensamientos repetitivos se les conoce como rumiación y aunque no podemos controlar que aparezcan, sí podemos aprender a relacionarnos de otra manera con ellos.
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La doctora Laura Aragón, psicóloga clínica, comparte una técnica sencilla para esos momentos: imaginar que nuestros pensamientos son como olas en el mar.
De acuerdo con la experta, la idea es visualizar que cada pensamiento llega como una ola: aparece, crece y, finalmente, se va. No tenemos que luchar contra ella ni intentar detenerla. Pero hay un detalle importante: poner diferentes pensamientos en cada ola.
Por ejemplo, si aparece el pensamiento:
“¿Y si vuelve a temblar?”
Imagina que ese pensamiento llega en una ola y déjalo pasar. Después, en la siguiente ola, lleva tu atención hacia otra cosa: “¿Qué voy a comer hoy?”. En otra: “Tengo que llamar a mi mamá”. En otra: “¿Qué canción quiero escuchar?”. Y en otra: “¿Qué tengo que hacer esta tarde?”.
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De esta manera, en lugar de quedarnos atrapados en una sola idea, le damos a nuestra mente diferentes lugares hacia los cuales dirigir su atención.
La clave no es obligarse a dejar de pensar en el terremoto. Al contrario: se trata de reconocer el pensamiento, permitir que pase y después darle espacio a otro.
Especialmente después de un evento que genera miedo, como un terremoto, nuestra mente puede necesitar tiempo para volver a sentirse segura. Esta técnica puede ser una herramienta para ayudar a romper el ciclo de pensamientos repetitivos y recuperar poco a poco la atención en el presente.
Y recuerda: sentir miedo o estar más alerta después de un terremoto puede ser una reacción normal. Si la ansiedad, el miedo o los pensamientos intrusivos persisten, interfieren con tu vida cotidiana o se vuelven muy difíciles de manejar, buscar acompañamiento de un profesional de salud mental puede ser una buena opción.
Por: Sara Flórez
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