La carne es un alimento altamente perecedero que necesita de cuidados específicos para evitar su descomposición y que las bacterias se incuben en la carne. Una mala manipulación o almacenamiento puede afectar no solo su sabor y textura, sino también representar un riesgo para la salud. Por eso, es clave conservarla de manera correcta para evitar enfermedades y sacarle provecho al alimento.
Dejarla expuesta o mal empacada
Guardar la carne sin cubrir o en empaques abiertos hace que se contamine fácilmente y pierda frescura más rápido.
Ubicarla en cualquier parte de la nevera
Colocarla en zonas menos frías puede acelerar su deterioro. Además, si está en niveles altos, sus jugos pueden caer sobre otros alimentos contaminándolos.
Mezclarla con alimentos listos para comer
Este es uno de los errores más riesgosos, ya que puede generar contaminación cruzada y transmitir bacterias a otros productos.
No refrigerarla a tiempo
Dejar la carne fuera de la nevera por mucho tiempo antes de guardarla favorece el crecimiento de bacterias que afectan su calidad.
Guardarla más tiempo del recomendado
Aunque esté refrigerada, la carne tiene un tiempo limitado de conservación. Si pasan varios días sin consumirse, puede perder sus propiedades y volverse insegura.
Para conservar la carne en buen estado dentro de la nevera, se recomienda:
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