
Más recientemente, las disrupciones derivadas de las hostilidades en el Estrecho de Ormuz han puesto de relieve que reducir la dependencia de los combustibles fósiles es fundamental. Es esencial para mantener el planeta habitable, salvaguardar la seguridad energética y construir resiliencia económica frente a mercados volátiles.
Por ese motivo, durante los últimos cinco días en la ciudad de Santa Marta, Colombia y los Países Bajos reunieron a 57 países en apoyo de los compromisos del Acuerdo de París. Junto con representantes de gobiernos subnacionales, academia, movimientos sociales, ONG, sindicatos, parlamentarios, sector privado, bancos multilaterales, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, campesinos, niños, jóvenes, mujeres y diversidades, crearon un espacio seguro de diálogo sobre cómo avanzar en la transición.
El objetivo no fue desarrollar nuevas metas, sino acelerar la implementación de los objetivos acordados. Las conversaciones se centraron en tres temas clave:
De esta manera, la conclusión principal de este evento es que la transición lejos de los combustibles fósiles implica una transformación estructural de las economías, pues requiere coordinación internacional, reformas fiscales, innovación financiera, desarrollo tecnológico y una transición justa centrada en las personas.
A su vez, la conferencia en Santa Marta consolidó una hoja de ruta global para acelerar la transición energética, basada en cooperación internacional, reformas estructurales, financiamiento climático e inclusión social, por lo que se reafirma que la descarbonización es esencial para garantizar estabilidad económica, seguridad energética y sostenibilidad global.
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