“Señor, hoy comienza la Semana Santa, hazme vivir humana, espiritual y sacramentalmente este acontecimiento de tu pasión, muerte y Resurrección con el corazón abierto.
Que cuando agite mis ramas de olivo, Señor, sea para recordar que has triunfado sobre el pecado y la muerte; no permitas que cuando pasen los días sea de los que te gritan «¡crucifícale, crucifícale!» condenándote a la cruz por mis faltas y mis pecados.No permitas que me lave las manos como Pilatos, que no te lapide por mi falta de amor a los demás, que no sea verdugo por imponer reglas estrictas y no falte a la caridad en mi vida, que no dirija llamadas de interrogación a los demás, que no sea un Judas que te traicione por mis comodidades.Hazme ser, Señor, un Simón de Cirene, una Verónica del paño blanco, un José de Arimatea, un Juan que estuvo a los pies de la cruz.Concédeme la gracia de meditar tu pasión haciéndola mía, que esta Semana que comienza sea diferente a cualquier otra del año, que tu pasión no me resulte indiferente, que tu muerte no me sea algo ajeno.No permitas que sea un mero espectador que solo te glorifique y te alabe por ser Rey sino por la gratitud que te tengo por haber muerto por mi.
Señor, solo te pido que me muestres tu gloria para que durante estos días sea capaz de alabarte con mis palabras, con mis gestos, con mis acciones y mis comportamientos, pero sobre todo, Señor, entra en mi corazón como entraste en Jerusalén, manso y humilde y conviérteme en un creyente fiel que viva con auténtica piedad el sufrimiento de tu humanidad. Amén”
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