Fernando Botero Angulo fue un pintor y escultor colombiano que, a sus 16 años, comenzó a publicar sus primeros dibujos en uno de los periódicos más importantes de Medellín, su ciudad natal. Años después, llegó a Bogotá con la esperanza de mostrar más de sus obras y en 1951 expuso sus pinturas en la galería Leo Matiz, momento desde el que fue reconocido como uno de los mejores pintores del país.
En ese sentido, tiempo después ganó galardones con sus obras, como el ‘Premio con pintura al óleo frente al mar’, y decidió irse a Europa para estudiar y fortalecer sus conocimientos, que afianzaron su estilo único. Botero comenzó a llevar sus obras a diferentes partes del mundo, logrando que sus esculturas fueran exhibidas en lugares relevantes, como en los Campos Elíseos de París, la Quinta Avenida, en Nueva York, o las icónicas esculturas del centro de Medellín, Cartagena y diferentes partes del mundo.
Asimismo, Botero se describía como una persona realista, pues, según un artículo del Banco de la República, indicó en una entrevista: “Soy una protesta contra la pintura moderna y, sin embargo, utilizo lo que se oculta tras sus espaldas: el juego irónico con todo lo que es absolutamente conocido por todos. Pinto figurativo y realista, pero no en el sentido chato de la fidelidad a la naturaleza. Jamás doy una pincelada que no describa algo real: una boca, una colina, un cántaro, un árbol. Pero la que describo es una realidad encontrada por mí. Podría formularse de este modo: yo describo en una forma realista una realidad no realista“. Además, sus obras se convirtieron en unas de las más recordadas y representativas del país.
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A lo largo de sus años como pintor, y en sus viajes, Fernando Botero formó una familia; pues en 1955 se casó con la gestora cultural Gloria Zea, con quien tuvo tres hijos: Fernando, Lina y Juan Carlos. Sin embargo, se separó de su primera esposa y, tiempo después, conoció a Cecilia Zambrano, con quien tuvo a su cuarto hijo en 1970, llamado ‘Pedrito’. No obstante, cuatro años después, el niño falleció en un accidente de tránsito que tuvieron en España.
En medio de su depresión por el hecho, Botero pintó varios cuadros donde recordaba a ‘Pedrito’, llegando a ser “Pedrito a Caballo” uno de los más recordados. Asimismo, en el museo de Antioquía se inauguró una sala llamada ‘Pedrito Botero’ en honor a su hijo, y allí se exponen 16 obras del artista.
Actualmente, sus obras se pueden encontrar en diferentes partes del mundo, así como en el Museo Botero, donde el artista donó 208 de estas obras para ser exhibidas y recordadas como realizadas por un pintor autodidacta que reflejó una forma diferente.
@museoantioquiaEn el séptimo día de nuestro homenaje a Fernando Botero, nuestra directora, Maria del Rosario Escobar, nos habla de “Pedrito”, una de las obras más especiales para el maestro. La muerte de su hijo Pedro Botero en un accidente automovilístico en España lo marcó profundamente. Para honrar su memoria creó una serie de dibujos y pinturas. La más conocida, Pedro (1974), es un retrato que consideró como su obra maestra: “Fue la primera obra que realice después de ese terrible momento y es definitivamente mi mejor obra, es muy especial. Si alguna vez hice algo bien en la vida fue ese día”. Los invitamos a visitar nuestro Museo para que sigamos disfrutando del legado más grande que nos dejó el maestro Botero: sus obras.♬ sonido original – Museo de Antioquia
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