
Si sus padres o abuelos tienen una pequeña cicatriz redonda en la parte superior del brazo, es posible que esa marca tenga una historia relacionada con la vacunación contra la viruela. Durante buena parte del siglo XX, esta enfermedad representó una de las mayores amenazas para la salud pública mundial, hasta que una campaña internacional consiguió algo que parecía difícil de alcanzar: eliminarla por completo.
La pequeña marca que quedó en el brazo de millones de personas fue una consecuencia conocida de la vacuna utilizada contra esta enfermedad y terminó convirtiéndose en una señal característica de varias generaciones.
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La viruela era una enfermedad infecciosa causada por el virus Variola. Se transmitía principalmente entre personas y podía comenzar con fiebre alta, dolor intenso, cansancio y malestar general.
Después aparecía una erupción que evolucionaba hasta convertirse en numerosas lesiones y pústulas en la piel. En los casos más graves, la enfermedad podía provocar complicaciones y la muerte.
Quienes lograban sobrevivir podían quedar con cicatrices permanentes, especialmente en el rostro. Algunas personas también sufrían consecuencias como problemas de visión.
La vacuna contra la viruela utilizaba el virus vaccinia, relacionado con el virus de la viruela pero diferente de este. Su aplicación tradicional se realizaba mediante una técnica que producía una pequeña lesión en la piel.
Durante los días posteriores podían aparecer inflamación, una ampolla y posteriormente una costra. Cuando la zona cicatrizaba, podía quedar la característica marca redonda en el brazo.
Por eso, esa cicatriz no era causada por la viruela, sino por la forma en que se administraba la vacuna y la reacción que producía en la piel.
La vacunación permitió reducir progresivamente los casos en diferentes partes del mundo. Uno de los momentos decisivos llegó en el siglo XX, cuando los países comenzaron a coordinar esfuerzos para combatir la enfermedad a escala internacional.
La Organización Mundial de la Salud impulsó una campaña mundial de erradicación que incluyó vacunación masiva, vigilancia de los casos y aislamiento de las personas infectadas.
El último caso conocido de viruela adquirida de forma natural ocurrió en 1977, en Somalia. Después de años de vigilancia, la OMS declaró oficialmente erradicada la enfermedad en 1980.
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