En la iglesia Católica hay varios personajes que hacen parte de esta corriente como lo son los santos, aquellos personajes que tienen un significado especial. Uno de ellos es San Miguel Arcángel, quien es conocido como el guardián de los ejércitos cristianos y quien tuvo a cargo tareas de protección y cuidado ante el mal. Hace parte del grupo de los siete arcángeles, grupo de seres celestiales compuesto por Rafael, Gabriel, Chamuel, Uriel, Jofiel y Zadquiel.
Su papel dentro de la religión católica es la protección y valor, por lo cual muchos creyentes que buscan resguardo se encomiendan a él. Es uno de los santos más renombrados de esta fe por su importancia. Otros aspectos con los cuales ayuda son la liberación del espíritu, la valentía, la motivación y la vitalidad.
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Dentro de la iglesia católica recibe el nombre de Príncipe de los espíritus celestiales, Jefe o cabeza de la milicia celestial. De acuerdo con la Arquidiócesis de Bogotá, San Miguel Arcángel aparece como guerrero y principal defensor del pueblo de Dios contra el mal.
“Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte“, señala el ente religioso.
Para quienes están preocupados por sus hijos y buscan que no les pase nada malo o que buscan protección física, emocional o mental pueden rezarle a San Miguel Arcángel. De esta manera, es posible sentir confort y tranquilidad para alejar el peligro o el mal.
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Oh gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas, guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los rebeldes espíritus infernales. Humildemente te rogamos, te digne librar de todo mal a los que a ti recurrimos con confianza; que tu favor nos ampare, tu fortaleza nos defienda y que, mediante tu incomparable protección adelantemos cada vez más en el servicio del Señor; que tu virtud nos esfuerce todos los días de nuestra vida, especialmente en el trance de la muerte, para que, defendidos por tu poder del infernal dragón y de todas sus asechanzas, cuando salgamos de este mundo seamos presentados por tí, libres de toda culpa, ante la Divina Majestad.
Amén.
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